Sólo el 1 por 100 de las pymes españolas utiliza el vehículo corporativo para retribuir a sus empleados.

Sólo el 1% de las pequeñas y medianas empresas implantadas en España utiliza actualmente el vehículo corporativo como fórmula para retribuir a sus empleados, utilizándolo como complemento a la nómina mensual, frente al 8% que lo hacía en 2009, según el estudio de El Observador del Vehículo de Empresa (CVO) promovido por Arval, empresa especializada en renting perteneciente al grupo BNP Paribas.

El estudio –realizado entre más de 4.800 gestores de flotas de pymes y grandes empresas en catorce países con el objetivo de determinar las prácticas actuales y tendencias futuras en este sector- pone de manifiesto que las estrictas políticas de recortes salariales, como medida de ajuste para hacer frente a la coyuntura económica, ha reducido drásticamente la presencia de vehículos de incentivos en el panorama empresarial español en este último año.

De esta forma, el Observador del Vehículo de Empresa revela que los empleados de las pymes fueron los más afectados por este “recorte salarial”, ya que se vieron obligados a prescindir de su vehículo de empresa para contribuir a mantener sus cuentas de resultados. En el caso de las grandes corporaciones españolas, el 18% continuó utilizando el coche como incentivo adicional al salario más frecuente.

Por su parte, las empresas europeas, a pesar de las fuertes caídas de hasta 16 puntos registradas en este sentido, siguen siendo más partidarias que las españolas a retribuir a sus empleados con un coche de empresa. Así, el 7% de las pymes -el 20% en 2009- y el 16% de las grandes corporaciones implantadas en Europa ofrecieron el vehículo corporativo –el 32% en 2009-

Por otro lado, según el mismo estudio, casi la mitad (48%) de las compañías implantadas en nuestro país recortó su inversión en la compra de vehículos con el fin de alcanzar este objetivo.

La mayoría de las empresas (82%) se atribuye la exclusiva de decidir sobre los vehículos que deben integrar su flota, con independencia de las preferencias del usuario, a fin de ceñirse a modelos que respondan únicamente a las necesidades de la compañía, dejando de lado criterios estéticos o gustos personales. Por su parte, un 11% de las compañías consultadas confiere a sus empleados la potestad de decidir libremente –aunque ajustándose a un presupuesto- sobre el que será su vehículo de trabajo y sólo un 6% les permite escoger entre una lista de modelos prefijada por la compañía.

 
 
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