El Consejo de Ministros ha aprobado, a iniciativa del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (Miciu) y el Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública, la Estrategia Deep Tech España 2026-2030. A través de esta estrategia, se movilizarán más de 8.000 millones de euros hasta 2030 con el objetivo de transformar las altas capacidades científicas de España en liderazgo tecnológico. La estrategia se articula en torno a tres ejes: reforzar las capacidades científicas y tecnológicas; transformar la capacidad científica en tejido empresarial, empleo de calidad e industria del futuro; y construir un ecosistema Deep Tech dinámico y coordinado.
La Estrategia Deep Tech España constituirá el marco de referencia de la política pública para el impulso de tecnologías avanzadas basadas en conocimiento científico y desarrollo tecnológico intensivo, para reforzar la competitividad de la economía española y afrontar los grandes retos económicos, sociales y medioambientales.
Estrategia Deep Tech España 2026-2030
La estrategia es fruto de la colaboración de 12 ministerios. Aunque se centra en actuaciones de la Administración General del Estado, su despliegue requerirá coordinación con comunidades autónomas, universidades, centros de investigación, centros tecnológicos, empresas y la Unión Europea.
El documento identifica diez ámbitos prioritarios: biotecnología y salud; tecnologías para la sostenibilidad y energías limpias; tecnologías de inteligencia artificial y del dato; tecnologías avanzadas de semiconductores; conectividad avanzada, navegación y tecnologías digitales; robótica y sistemas autónomos; materiales avanzados, fabricación y reciclaje; tecnologías de detección avanzadas; tecnologías cuánticas; y tecnologías del espacio y propulsión.
Tres ejes para ciencia, empresa y ecosistema tecnológico
La Estrategia Deep Tech España 2026-2030 se articula en tres ejes. El primero busca ampliar las capacidades científicas y tecnológicas mediante infraestructuras de referencia internacional. Entre los proyectos citados figuran Spain Neurotech, en Madrid; el acelerador IFMIF-DONES, en Granada; el Centro Ibérico de Investigación en Almacenamiento Energético, en Cáceres; el Acelerador de Hadronterapia, en Valencia; y el Barcelona Supercomputing Center, como infraestructura ya consolidada.
El segundo eje se dirige a trasladar la capacidad científica al tejido empresarial, la industria y el empleo cualificado. Esta línea concentra cerca del 80% del presupuesto previsto, con el objetivo de acompañar a las empresas deep tech desde la fase de investigación hasta su llegada al mercado.
Dentro de este bloque se incluye el programa Deep Start, dotado inicialmente con 353 millones de euros para impulsar inversión especializada en tecnologías deep tech. En este marco, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, a través del Centro para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación, ha formalizado con el Fondo Europeo de Inversiones una inversión de 74,7 millones de euros en el fondo Asabys Innvierte Tech Transfer.
La estrategia también prevé fórmulas de colaboración público-privada para activar la demanda de innovación. Un ejemplo es el proyecto WISER, promovido por el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas, el Centro para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación y Técnicas Reunidas, con una inversión prevista de 500 millones de euros para impulsar el desarrollo de la fusión nuclear en España.
Finalmente, el tercer eje se centra en articular un ecosistema deep tech más coordinado. Incluye medidas para mejorar la cooperación entre administraciones, reducir barreras burocráticas y habilitar entornos regulatorios que permitan ensayar nuevas tecnologías con seguridad y agilidad.
El plan incorporará además un Observatorio Nacional Deep Tech, concebido para conectar talento, investigación, empresas e infraestructuras y aumentar la visibilidad internacional del ecosistema innovador español.
