El Ayuntamiento de Barcelona prueba la que será la futura iluminación de la ciudad.

Dos calles de Les Corts y un monumento de L'Eixample estrenan esta semana nuevos criterios de iluminación que, a partir de setiembre cuando el plan director de iluminación esté listo, se aplicarán al resto de la ciudad. Se trata de poner tecnología led, puntos de luz más bajos y orientados a las aceras y con sensores que aumenten la intensidad lumínica según la presencia. Una serie de cambios enfocados a los peatones con los que el Ayuntamiento ahorrará hasta un 30% en el consumo energético.

Vídeo 'Nueva iluminación'

Farolas más bajas y direccionadas a las aceras, con luz más blanca y que iluminen con más o menos intensidad según la presencia. Estos son los criterios principales que definirán el futuro alumbrado de la ciudad y que ahora se han empezado a implementar en dos puntos de Les Corts y uno de L'Eixample para probar su funcionamiento.

A partir de setiembre, cuando se presente el Plan Director de Iluminación, el que se ha aplicado en la calle Galileu, la avenida Tarradellas y en el monumento a Mossèn Cinto Verdaguer, se extenderá por toda la ciudad.

El objetivo es la mejora del nivel lumínico que dan los más de 150.000 puntos de luz de la ciudad pero también de las tecnologías, para hacerlas más eficientes. A todo eso se suma la eficiencia energética ya que, cuando la iluminación con led esté instalada en toda la ciudad, el Consistorio prevé ahorrar un 30 % en el consumo energético.

Los peatones, la prioridad

Las dos calles donde el Ayuntamiento trabaja estos días para poner en marcha estos cambios son dos claros ejemplos del papel prioritario que el peatón tendrá con el nuevo alumbrado.

En Galileu, las farolas tendrán dos brazos con iluminación de led, uno para el vial y el otro para la acera, este último situado a cinco metros de altura -en vez de los 7,5 metros actuales- que se separa de los árboles y da más luz a los peatones.

Una de las tecnologías más innovadoras se instalará en Tarradellas entre Sarrià y Calàbria. Se trata de unos sensores de presencia que incrementarán la intensidad de la luz -la calle nunca quedará oscura- si pasa alguna persona.

Además, todas estas innovaciones estarán centralizadas en sistemas de telecontrol que darán más calidad a la gestión.

Una nueva imagen nocturna

Estas primeras intervenciones, que tienen un coste de cerca de 80.000 euros, no han olvidado el patrimonio de la ciudad y, centrándose en el monumento a Mossèn Cinto Verdaguer, han actualizado la instalación de los proyectores para mejorar su efecto visual.

Sin querer equipararse con Hong Kong, de cuya ciudad la capital catalana solo tomará las "texturas y sensaciones", según ha explicado el teniente de alcalde de Hábitat Urbano, Antoni Vives, Barcelona quiere conseguir una nueva imagen nocturna que, aparte de ser eficaz y funcional, sea también estética.

 
 
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