La alcaldesa de Madrid, Ana Botella, participa en el encuentro especializado “Servicios inteligentes hacen ciudades inteligentes”.

El desafío al que nos enfrentamos hoy desde las administraciones públicas es reducir los costes de prestación de los servicios públicos manteniendo unos niveles de disponibilidad y calidad de servicio satisfactorios". La alcaldesa de Madrid, Ana Botella, ha hecho estas declaraciones en el transcurso de su intervención en el encuentro "Servicios Inteligentes hacen ciudades inteligentes-Claves para un nuevo concepto de ciudad", que se ha celebrado hoy en la capital española.

En 2010, según datos de la ONU, el 70% de la población mundial vivía ya en ciudades. "Esta atracción está generando también una sobrecarga en los servicios públicos urbanos que deben afrontar una demanda creciente de servicios de calidad en un contexto económico de crisis como el actual. Y la solución a este problema ha de ser la mejora de la eficiencia en la gestión de estos servicios urbanos", ha explicado Ana Botella.

El Ayuntamiento de Madrid es uno de los grandes prestadores de servicios públicos: la gestión de la movilidad, el alumbrado público, la limpieza de espacios públicos o la recogida de residuos urbanos, entre otros. Todos estos servicios son esenciales y por ello impactan directamente en la calidad de vida de los ciudadanos.

Éxito de la gestión privada

En el pasado, gran parte de estos servicios estaban prestados directamente por el Ayuntamiento de Madrid siguiendo el modelo de gestión directa en virtud del cual todos los recursos eran propiedad de la administración.

Hace ya muchos años se comenzó a dar entrada a las empresas privadas en la prestación de estos servicios, generalmente mediante la externalización de estos recursos, pero manteniendo un elevado de control sobre los mismos."Y, pese a que algunos vaticinaban una catástrofe en la calidad y disponibilidad de estos servicios, la realidad se ha impuesto y son prestados hoy por empresas privadas bajo la tutela de la administración con una calidad incluso superior a la de la gestión directa", asegura la alcaldesa

Uso inteligente de las tecnologías

De la mano del paradigma de las ciudades inteligentes y los nuevos modelos de contratación pública basados en la colaboración público-privada, se ha generado un nuevo debate sobre la prestación de servicios públicos 'inteligentes'. "Sin embargo -ha explicado la alcaldesa- no existen tecnologías ‘inteligentes', sino un uso inteligente de la tecnología, ya que la gestión del servicio será un elemento clave para conseguir la eficiencia". Para explicar mejor esta aseveración, lo ha ilustrado con un ejemplo: recientemente la Junta de Gobierno, en el marco del Plan de Calidad del Aire 2012-2015, aprobó la prohibición de que los vehículos estén estacionados con el motor en marcha en el centro de Madrid: "por muy eficiente que sea ese vehículo, sea de gasoil, funcione a gas, o sea un híbrido, ninguna tecnología es tan eficiente como apagar el motor del coche cuando no se está moviendo".

Para incorporar inteligencia a los servicios urbanos, es necesario, en primer lugar, definir el concepto del servicio de una forma flexible, de forma que sea posible que el prestador del mismo pueda innovar en la forma de prestación. Un servicio, en su definición más elemental, es una actividad que satisface una necesidad. Si se define de una forma suficientemente abierta será posible que el prestatario pueda optimizar su forma de prestación, su utilización de recursos, sin menoscabo de la disponibilidad y calidad del mismo. "Esta flexibilidad nos llevará necesariamente a una contratación por objetivos, es decir, definir qué servicio es realmente necesario y no definir cómo prestarlo", argumenta Botella.

Finalmente, la alcaldesa ha apuntado que "los sistemas de contratación tendrán que ser lo suficientemente flexibles para la introducción de nuevos objetivos y la modificación de los existentes, si fuera necesario, a lo largo de la vida del contrato. Contratar objetivos en lugar de recursos requiere contratos con plazos suficientemente largos (pongamos por ejemplo, 10 años) que permitan amortizar las inversiones que dotarán de inteligencia a la gestión de los servicios".

 
 
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