El Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono plantea reflexiones sobre el impacto de los vehículos de combustión.

Este 16 de septiembre se celebra el Día de la Preservación de la Capa de Ozono, establecido por la ONU en 1995 para a reforzar el compromiso mundial de eliminar las sustancias que disminuyen la capa de ozono. La fecha conmemora el acuerdo firmado por diversos gobiernos, ambientalistas, industriales y científicos en el Protocolo de Montreal, vigente desde 1989.

La preservación de la capa de ozono depende de muchas medidas, cambios e inversión de diferentes sectores, entre ellos el de la automoción, uno de los principales responsables de la emisión de gases dañinos provenientes de combustibles fósiles. El impacto de la emisión de estos gases en el medio ambiente es indiscutible: actualmente el transporte en el mundo depende aproximadamente en un 90% del petróleo.

El uso de vehículos de combustión implica una sola fuente de obtención de energía, y éste es su mayor problema. Las previsiones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) apuntan que en los años 2015-2020 se generarán importantes tensiones entre oferta y demanda. Además, no hay que perder de vista el cambio climático, cuya causa principal es el aumento de CO2 en la atmósfera, el cual contribuye al efecto invernadero y éste a su vez produce un calentamiento de la tierra.

Sin embargo, existen muchas otras energías, renovables, que pueden contrarrestar esta dependencia energética de los vehículos hacia el combustible fósil, tal como refleja el gráfico adjunto. El vehículo eléctrico ya es una realidad, y la energía almacenada en las baterías, extraída a partir de la red eléctrica, abre las puertas a cualquier tipo de fuente energética, incluidas las energías renovables.

En el libro El vehículo eléctrico. Desafíos tecnológicos, infraestructuras y oportunidades de negocio, firmado por la Sociedad de Técnicos de Automoción (STA) bajo la supervisión de Rafael Boronat, presidente de la entidad, los especialistas afirman: “A grandes rasgos, no sería equitativo comparar ambas tecnologías únicamente por el CO2 que emite cada una. Se puede afirmar que un vehículo eléctrico en marcha tiene cero emisiones, pero para llegar a tener una batería cargada sí que se ha generado CO2 y otros gases o partículas contaminantes. A nivel de eficiencia energética total, el vehículo eléctrico no gana la carrera con tanta ventaja como se cree”. En efecto, aún queda mucho camino por recorrer, pero ya se apuntan los efectos beneficiosos sobre el medio ambiente de un cambio de esta envergadura.

Más que un cambio, es una evolución. Pero antes de la implantación del vehículo eléctrico, debemos seguir ciertos pasos y superar ciertas barreras.

Se ha tenido que llegar a la concienciación de que la energía fósil se agota para retomar otras tecnologías que provengan de fuentes renovables y son muchas las preguntas que se generan en torno a la inclusión del vehículo eléctrico en una sociedad, a priori, tan poco preparada para ello. Sin embargo, ya hay respuestas para muchas de estas preguntas, y sin duda el vehículo eléctrico es una de ellas.

 
 
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